
Traidor a su conciencia
El arzobispo de Tegucigalpa, cardenal Oscar Andrés Rodríguez mantuvo una polémica con el presidente Hugo Chávez Frías, a raíz de que el prelado hondureño dio unas declaraciones a una agencia de prensa internacional en fecha 23 de julio de 2007, en las que decía: «el gobernante de Venezuela se siente como un dios y con derecho a atropellar a todas las demás personas bajo una soberbia que ya se ha visto en la historia de otros dictadores, incluso de algunos que llegaron a decretar la muerte de Dios y después de 20 años desaparecieron del mapa y hoy se les recuerda como tiranos».
En respuesta a estas palabras el presidente Chávez hizo el comentario siguiente: «el cardenal Rodríguez Maradiaga es un loro de Washington ¡Apareció otro loro del imperio, ahora vestido de cardenal, es decir otro payaso imperialista!». Además, Chávez recordó que las declaraciones del clérigo se producen un día después que el embajador de Estados Unidos en Honduras también arremetió contra el presidente de ese país, Manuel Zelaya, por atender una invitación de su homólogo de Nicaragua, Daniel Ortega, para las celebraciones del 28 aniversario de la Revolución Sandinista.
Como se puede apreciar, el cardenal hondureño es quien inicia la ofensiva oral contra el presidente venezolano, pero para la prensa del imperio Chávez es quien produce los improperios: «The New York Times destaca hoy los insultos de Chávez al Cardenal Rodríguez Maradiaga. Para el diario estadounidense es un capítulo más en los enfrentamientos entre Chávez y la jerarquía de la Iglesia».
Este mismo diario resalta que el cardenal Rodríguez Maradiaga es considerado un moderador. En el marco de esta polémica, un sacerdote que manifestó ser vocero de la iglesia católica hondureña al ser consultado sobre el cardenal Rodríguez, si él sirve a intereses de los Estados Unidos, el cura respondió que «lo único que hace su eminencia es manifestar las verdades del evangelio, de la convivencia y, sobre todo, de las exigencias de la democracia».
Y hasta el mismo presidente Manuel Zelaya salió en defensa del cardenal, expresó «que se comunicará con Chávez y le hablará sobre la trayectoria del cardenal Rodríguez, su vida, las causas justas que ha defendido a favor de la humanidad, así como su oposición a las políticas neoliberales de las grandes potencias que han oprimido a los pueblos».
Realicé algunas indagaciones acerca de las referencias que hizo el presidente Zelaya en relación a las posiciones políticas del cardenal Rodríguez, especialmente de su oposición a las políticas neoliberales, y efectivamente, encontré que en diversas oportunidades y en diversos escenarios tanto nacionales como en el extranjero, públicamente había mantenido esa postura, innegablemente plausible, a continuación transcribo algunas de sus reflexiones:
«El modelo económico neoliberal desarrollado en Honduras privilegió a las minorías y empobreció a más del 80 por ciento del país».
«Aseguró que el modelo neoliberal y las privatizaciones han conducido a profundizar la pobreza y la desigualdad en Latinoamérica, al tiempo que abogó por una globalización de la solidaridad».
«El neoliberalismo nos ha llevado a un individualismo exacerbado, que está conduciendo a la destrucción de las personas como seres solidarios, se ha creado una sociedad de lobos, donde los demás son competidores a los que hay que destruir».
«Hoy se hace valer a las personas por la capacidad que tienen para consumir y para comprar todo lo que la propaganda les presenta. Pero la felicidad no viene de comprar, ni de llenarse de cosas».
«Cuando lo que se globaliza es solamente el mercado, cuando se quiere convertir nuestras tierras latinoamericanas en simples mercados, en adoradores del dios mercado, pues ahí encontramos el problema».
El cardenal Rodríguez también criticó los Tratados de Libre Comercio (TLC) suscritos por Estados Unidos con naciones latinoamericanas, entre ellas las centroamericanas.
«Los resultados aun no se ven a un año de vigencia del TLC; y ciertamente siguen siendo para nosotros una preocupación, incluso en la Conferencia de Aparecida».
Cuando el cardenal Oscar Andrés Rodríguez hace mención a la educación da la impresión que está declarando acerca de los acontecimientos que se debaten ahora en Venezuela acerca de esa materia, pero no desde el punto de vista del arzobispo de Caracas, cardenal Urosa Savino, sino que parece la perspectiva de Aristóbulo Isturiz o la del ministro Héctor Navarro, o de la diputada María de Queipo. Apréciense estas opiniones del cardenal Rodríguez:
«El modelo neoliberal impulsado en las últimas dos décadas ha profundizado la pobreza y deteriorado de manera grave el sistema educativo público, que sería una de las llaves para llevar progreso a los sectores más débiles».
«Abogó porque el Estado vuelva a tener una fuerte injerencia en el desarrollo de la educación, ante lo cual, la Iglesia Católica está dispuesta a dar su propio aporte».
«En el documento de Aparecida se hace un ruego a los gobiernos para que den un fuerte impulso al derecho de una educación con un fuerte contenido ético y moral. No se puede educar sin el testimonio de la solidaridad».
El documento de Aparecida es donde están reflejadas las conclusiones de la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe realizada del 13 al 31 de mayo de 2007 en la población de Aparecida, Brasil.
Una vez que Manuel Zelaya accede a la primera magistratura de Honduras, el cardenal Rodríguez fija algunos criterios en lo que deben ser los lineamientos del nuevo gobierno.
Instó al gobierno electo y a los nuevos funcionarios públicos a convertirse en fieles servidores de la población. Asimismo, exhortó a dejar a un lado sus intereses particulares y a impulsar los planes y programas de desarrollo establecidos. Para el Purpurado, la primera responsabilidad de los nuevos funcionaros es la solidaridad con los excluidos.
El cardenal Oscar Andrés Rodríguez también recomendó la descentralización administrativa para darle más participación a las instancias municipales y que la estrategia para la reducción de la pobreza necesita ser apoyada. Recordó también que debajo de cada voto depositado en las urnas vive la esperanza de profundos cambios para un futuro mejor.
En síntesis se puede presumir, a juzgar por su visión del neoliberalismo y por sus reflexiones y recomendaciones, que el cardenal Oscar Andrés Rodríguez es un hombre de avanzada, dispuesto para enfrentar a los males que el capitalismo le ocasionaba a su pueblo. Se apreciaba como identificado con las luchas para mejorar la calidad de vida de los más pobres de su pueblo, e igualmente, en armonía con los fines perseguidos por el presidente Manuel Zelaya para alcanzar la liberación económica y social de Honduras.
Pero el cardenal Rodríguez dio un viraje de ciento ochenta grados, y contrario a lo que pregonaba, se une a la oligarquía hondureña para detener los programas que adelanta el gobierno en beneficio de su pueblo, y su primer paso fue la andanada de insultos contra el presidente Chávez. Y luego del golpe de estado contra el gobierno de Zelaya, el cardenal fija posición al lado de los golpistas.
Le pide a Zelaya que se abstenga de regresar a Honduras. Le envía un mensaje a la Organización de Estados Americanos (OEA), solicitando que no se sancione el gobierno golpista por incumplimiento de la carta democrática interamericana.
También justificó el golpe de estado con esta aseveración: «que se preste atención a todo lo que venía ocurriendo fuera de legalidad en Honduras y no sólo a lo sucedido a partir del 28 de junio recién pasado, (día del golpe de Estado que depuso al presidente Manuel Zelaya)».
El cardenal, en su defensa a las autoridades de facto, le dijo en su mensaje a la comunidad internacional que Honduras tiene derecho a «definir nuestro propio destino sin presiones unilaterales de cualquier tipo, buscando soluciones que promuevan el bien de todos» Sostuvo «… rechazamos amenazas o bloqueos de cualquier tipo que solamente hace sufrir a los más pobres, y finalmente añadió: «Si el sistema interamericano se limita a proteger la democracia en las urnas pero no le da seguimiento a un buen gobierno, a la prevención de las crisis políticas, económica y sociales, de nada servirá reaccionar tardíamente frente a ellas».
Particularmente me siento intrigado. ¿Porqué un hombre como el cardenal Oscar Andrés Rodríguez cambia de parecer tan diametralmente? En la política barata, en la politiquería, si se puede considerar hasta normal estos saltos de talanquera, ejemplos sobran, están los Teodoros Petkoff, los Pompeyos Marquez, los Ismaeles García, y sigue una interminable lista.
Este cardenal que tuvo chance de ser elegido Papa, no puedo creer que sea tan inconsistente con las ideas que predicaba. Detrás de esta inversión de valores y de posición debe haber algo o alguien de mucho peso, para que él eche por la borda su credibilidad, su reputación y la estima que le tenía mucha gente.
Sólo me queda pedir, como decía mi abuela Carmen Gamboa: «Dios lo agarre confesado».