
El Libertador ya lo había previsto
El aceite de oliva es considerado como el oro líquido, no por su precio sino por sus cualidades nutritivas que son muy saludables. Sus propiedades medicinales han sido reconocidas desde la antigüedad, especialmente por los pueblos mediterráneos que lo incluyen en su dieta normalmente, la cual contiene mucha grasa, pero su componente fundamental es el aceite de oliva, que es “cardiosaludable” y previene los posibles efectos negativos del colesterol.
En ocasión de la visita a nuestro país del presidente de Siria, Bashar Al Assad, se hizo el anuncio que los ministerios de agricultura de los gobiernos de Venezuela y Siria producirán y distribuirán conjuntamente aceite de oliva y algodón. A tal efecto firmaron un acta de compromiso para la creación de una empresa mixta de producción, envasado y distribución de aceite de oliva.
La cosecha y prensado de la aceituna se hará en Siria, mientras que el envasado y la distribución del aceite en Venezuela.
El ministro del Poder Popular para la Agricultura y Tierra venezolano informó que en un futuro pacto se abarcará la transferencia tecnológica y de conocimientos para sembrar la materia prima en el país.
Lógicamente esta operación se realiza para abastecer las necesidades de la población de este rubro agrícola que no se produce en nuestro territorio.
Pero lo patético de esta noticia es la tardanza de ciento noventa años que hemos tenido los venezolanos para darnos cuenta de la importancia de abordar esta empresa de la siembra del olivo y la producción de su aceite. Me refiero a tardanza, que es consecuencia de la negligencia de las autoridades que han conducido la agricultura en el país.
El Libertador Simón Bolívar ya lo había previsto, tal como se desprende de su decreto promulgado en la Villa del Rosario, Colombia, el 21 de mayo de 1820, en el cual ordenó promover la agricultura en todos su ramos; procurar el aumento y mejoras de las crías de ganado caballar, vacuno y lanar; divulgar conocimientos sobre la siembra, recomendando impulsar el cultivo del añil, cacao, café, algodón, olivo y vid, detallando los terrenos ventajosos para cualquiera de estos cultivos, alentando para ello a los propietarios de tierra y hacendados.
En tiempos de la colonización la corona española siempre prohibió el cultivo del olivo y de la vid en tierras americanas como una forma de proteger su actividad agrícola y garantizar el comercio desde Europa hacia América, además de ser una manera de mantener su identidad nacional.
El desarrollo del cultivo del olivo fue de gran magnitud y la producción de aceite de oliva llegó a ser tan importante que despertó el celo de la Corona de España. El temor a la competencia hizo que Carlos IV firmara la Cédula Real del 17 de enero de 1774, por la que encargaba a todos los virreyes no plantar viñedos ni olivos en México.
En 1777 el reino español expidió una nueva cédula en la que ordenaba la completa destrucción de todas las plantaciones de olivos existentes en América.
Como se puede apreciar, esta práctica imperialista de protección a su producción agrícola no es nueva, solo que ahora ha sido refinada con nuevos instrumentos (aranceles aduaneros, cuotas de importación, restricciones sanitarias, y otras limitaciones y prohibiciones) y nuevas instituciones músculos del imperialismo tales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio que imponen medidas a los pueblos en desarrollo que obstaculizan su producción tanto agrícola como industrial, limitándolos solo a ser suministradores de materia prima.
Definitivamente, el cultivo de la planta de olivo y el procesamiento de su aceite es una deuda histórica con el Libertador.
Volver a cultivar el olivo en nuestras tierras es una reparación a la perdida de la soberanía que nos había sido arrebatada al imponer estas prohibiciones y que sumisamente hemos seguido acatando durante dos siglos.
Como se puede apreciar la plantación del olivo no es extraña en nuestros campos, por lo cual auguramos la probabilidad y el éxito de su desarrollo.
Hasta tanto no contemos con lo previsto en esta programación, es importante estar alerta con el aceite de oliva que se importa, puesto que en China se descubrió un fraude con este rubro, tal como fue publicado por la agencia de prensa EFE, por lo cual las autoridades pertinentes en Venezuela deben estar pendientes a fin de proteger los derechos de los consumidores.
El asunto consiste en que el aceite de oliva se ofrece en distintas modalidades: se califica de virgen el que se obtiene por expresión de la oliva mediante métodos físicos. El aceite de oliva del orujo, se obtiene del residuo de las olivas prensadas; y entonces se habla de aceite de orujo refinado.
En consideración a que la calidad del aceite de oliva virgen es muy superior al del aceite de orujo su precio también es más elevado. Los especuladores y estafadores etiquetan el aceite de orujo como aceite puro de oliva, disfrutando de pingües ganancias con este fraude.
La trampa se basa en que algunos importadores sin escrúpulos se aprovechan de la falta de conocimiento del consumidor, que sabe que el aceite de oliva es bueno para la salud, pero que no puede distinguir aún entre un aceite virgen y uno de orujo.
Anteriormente solicité que las autoridades estén alertas acerca de esta situación, pero también los consumidores deben ser protagonistas de su defensa en este tipo de estafa, las asociaciones de consumidores, los consejos comunales, las amas de casa, todos tenemos la obligación de denunciar si estas situaciones irregulares se presentan.
OLY QUINTERO GAMBOA
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